El ‘Compromiso por la Educación para la Convivencia’ de la Comunidad Autónoma Vasca

El Compromiso por la Educación para la Convivencia de la Comunidad Autónoma Vasca Compromiso1 Acaba de firmarse en Bilbao el denominado ‘Compromiso por la Educación para la Convivencia‘ de la Comunidad Autónoma Vasca. Junto a la Consejera de Educación Celaá, han suscrito el compromiso una veintena de agentes educativos y sociales. Todos los vinculados al ámbito educativo y los habituales satélites que se apuntan a todos los ‘saraos’.

Criticar un manifiesto o compromiso por la Educación para la Convivencia resulta harto arriesgado, pero quiero hacer partícipe al lector de algunas dudas que me han asaltado tras su lectura. Reproduzco, para ello, el ‘Compromiso’ íntegramente y, posteriormente, enuncio mis interrogantes:

Compromiso por la Educación para la Convivencia

Las instituciones y agentes de la comunidad educativa vasca que hoy acudimos a este acto, deseamos realizar esta declaración y acordar las acciones que den continuidad a nuestra tarea de educar en libertad y desde el respeto riguroso de los Derechos Humanos a las generaciones que constituyen nuestro futuro.

La educación, desde la etapa infantil hasta la universitaria, es básicamente educación en valores: formación integral de ciudadanos y ciudadanas libres, conscientes y críticos.

En este momento crucial en que la sociedad vasca vive con alegría y esperanza la apertura de un tiempo nuevo, el sistema educativo, junto con la familia y otros agentes sociales, debe intensificar su tarea educativa para seguir mejorando la formación de nuestros alumnos y alumnas, de modo que se configuren como protagonistas y actores de futuro que garanticen una nueva era de convivencia en paz y libertad, plena, integradora y duradera para nuestro país. Siempre sobre la base de un conocimiento veraz, profundo e integral de nuestro presente y nuestro pasado, pues sin memoria no hay futuro, no hay libertad, no hay justicia.

La sociedad vasca requiere de sus instancias educativas la luz y la ilusión para contribuir a alumbrar un futuro de plena libertad y democracia, de justicia y verdad, en el que los conflictos y las discrepancias se solventen a través de vías no violentas, a través del diálogo.

Somos conscientes de nuestra diversidad, pero nos une nuestro compromiso con la búsqueda de una visión compartida de país, con la democracia y, en nuestro caso específico, con la educación.

Somos conscientes de que en educación el consenso y el acuerdo suponen siempre un valor que debemos cultivar y conservar.

Desde el respeto a la autonomía de las instituciones implicadas, que atienden a etapas educativas de características y objetivos diversos, tenemos el privilegio, pero, sobre todo, el reto y la responsabilidad, de alentar la formación de nuestras futuras generaciones. Por ello acordamos:

1.‐ Redoblar nuestros esfuerzos por una educación basada en el respeto de los Derechos Humanos y la dignidad de la persona por encima de cualquier fin o circunstancia.

2.‐ Fomentar una actitud crítica frente a la justificación de la violación de los Derechos Humanos en el pasado, presente o futuro.

3.‐ Promover acciones tendentes a mostrar la solidaridad y apoyo a todas las víctimas de la conculcación de esos Derechos.

4.‐ Fomentar los valores y actitudes que sustenten una verdadera convivencia democrática desde el propio entorno educativo hacia el conjunto de la sociedad.

5.‐ Concitar acciones consensuadas para asentar la cultura democrática en nuestra comunidad educativa y en nuestra sociedad.

Bilbao, 30 de diciembre de 2011

Adjunto puede encontrar el documento oficial en formato PDF.

La lectura de este compromiso me suscita las siguientes preguntas.

Por lo que respecta al prólogo o declaración de intenciones:

  1. ¿No resulta sospechoso el paralelismo entre las denominaciones de Educación para la Convivencia y Educación para la Ciudadanía?; ¿es que la educación se considera, desde un tiempo a esta parte, como medio para alcanzar un fin extrínseco al propio educando?; ¿no se trata ya de ayudarle a desarrollar sus potencialidades sino de utilizar la educación como medio para lograr fines propuestos desde las administraciones?. ¿No se convierte así al educación en razón instrumental al servicio del poder?
  2. La educación, desde la etapa infantil hasta la universitaria, es básicamente educación en valores: formación integral de ciudadanos y ciudadanas libres, conscientes y críticos‘. ¿Se limita la educación al desarrollo de valores sociales?; ¿es su carácter ciudadano el más importante atributo de la persona o constituye un reduccionismo aspirar únicamente a su educación ciudadana?; ¿son la libertad, la consciencia y la capacidad crítica los valores humanos superiores?
  3. En este momento crucial en que la sociedad vasca vive con alegría y esperanza la apertura de un tiempo nuevo‘. ¿A qué se refieren con esta expresión?; ¿se trata de un ‘compromiso’ de calado basado en una nueva situación o es fruto de un deseo?; ¿qué significado tiene el ‘tiempo nuevo‘?; ¿es que, hasta ahora no se procuraba ‘educar para la convivencia’?, ¿no era posible?; ¿no era necesario?
  4. Somos conscientes de que en educación el consenso y el acuerdo suponen siempre un valor que debemos cultivar y conservar‘. ¿Quiere esto decir que los alumnos deben ser educados en el ejercicio del acuerdo y la comprensión en sus relaciones o que los contenidos de la educación han de ser resultados de un consenso?; ¿son el consenso y el acuerdo medios o son fines?;

En cuanto a los puntos del compromiso:

  1. Redoblar nuestros esfuerzos por una educación basada en el respeto de los Derechos Humanos y la dignidad de la persona por encima de cualquier fin o circunstancia‘. ¿No es, más bien, un marco que una base o fundamentación de un proyecto educativo?; ¿admite esta afirmación que no se está educando en un marco de respeto de los Derechos Humanos o que se rebaja la dignidad de la persona?; ¿no es cometido de las administraciones educativas velar por el estricto cumplimiento de estos límites?
  2. Fomentar una actitud crítica frente a la justificación de la violación de los Derechos Humanos en el pasado, presente o futuro‘. Idem. ¿Es este ‘tiempo nuevo‘ el momento de acordar el respeto a los Derechos Humanos?; ¿cómo se ha educado, hasta ahora, a la juventud del País Vasco?; ¿qué han hecho los diversos gobiernos autonómicos para velar por el contenido de la educación?
  3. Promover acciones tendentes a mostrar la solidaridad y apoyo a todas las víctimas de la conculcación de esos Derechos‘. ¿Se trata de apelar a los sentimientos o a la racionalidad y la moralidad?; ¿acabará la violencia por motivos de solidaridad o por la racionalidad y el ejercicio de los instrumentos que dota a la sociedad vasca un Estado de Derecho?
  4. Fomentar los valores y actitudes que sustenten una verdadera convivencia democrática desde el propio entorno educativo hacia el conjunto de la sociedad ‘. ¿No deben estar presentes en toda educación los valores que hacen posible y facilitan la convivencia?; ¿se trata tan solo de una exigencia del modelo democrático?; ¿es una necesidad específica de la sociedad vasca?
  5. Concitar acciones consensuadas para asentar la cultura democrática en nuestra comunidad educativa y en nuestra sociedad‘. ¿No supone este objetivo reconocer implícitamente un evidente déficit democrático?; ¿qué han hecho los sucesivos gobiernos para remediarlo?; ¿por qué ninguno de estos gobiernos son capaces de reconocerlo abiertamente?

Son preguntas que dejo en el aire. Preguntas que debieran hacerse los responsables políticos y educativos del País Vasco antes de recurrir a métodos educativos de dudosa eficacia como son el condicionamiento o la apelación a los factores emocionales. Métodos que pueden volverse en contra de la administración y que tan bien dominan los grupos y gobiernos totalitarios.

© 2011, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

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