El dulce secuestro de la enseñanza concertada

El dulce secuestro de la enseñanza concertada secuestro Existe un desconcierto atroz entre los padres que llevamos a nuestros hijos a centros de enseñanza concertados. Y es que, salvo honrosas excepciones, éstos han incorporado la asignatura de Educación para la Ciudadanía en sus planes de estudios con una complacencia que ha sorprendido a propios y extraños. 

Hay un debate social -precedido inmediatamente por el que suscitó la aprobación de la L.O.E.- desde hace muchos meses en torno a la aplicación de la EpC. Los políticos no dejan de pronunciarse, los obispos -la gran mayoría de los centros concertados pertenecen a instituciones religiosas- se pronuncian un día sí y otro también, y los padres y ciudadanos “de a pie” participamos en el debate social con un compromiso inusitado. ¿Echan en falta alguna voz?

Exacto: para regocijo de los defensores de esta asignatura, el principal actor de la comunidad educativa está missing desde el principio de la polémica. Los centros concertados -que supuestamente representan una oferta educativa diferenciada, basada en el ideario del centro- se han puesto de perfil esperando que escampe.

En otras ocasiones, cuando han sentido peligrar sus derechos, han sabido movilizar a sus padres, que son, a fin de cuentas, sus clientes y su razón de ser. Pero ahora se callan. Y llegan a impedir -en la gran mayoría de los casos- que se informe a los padres del fondo de la asignatura de marras. 

Razonadas sinrazones

Dos son los principales argumentos que esgrimen para justificar esta pasividad:

1. “Desconfiar de la asignatura es desconfiar del Centro“.
Esta consigna se fundamenta en que, supuestamente, los centros concertados tienen libertad para adaptar la asignatura a su ideario. Sin ningún fundamento jurídico que la justifique, esta postura es incapaz de contestar una pregunta que está en la calle: quienes imponen la asignatura ¿van a organizar todo esta presión -incluyendo amenazas y persecución- para luego permitir que cada centro haga de su capa un sayo? ¿Hasta cuando van a hacer la vista gorda con las adaptaciones?, ¿hasta que la asignatura se haya consolidado en los planes de estudios? 

2. “La imposición de la EpC es un asunto de los padres, no de los centros“.

Hombre, a muchos centros se les llena la boca diciendo que se dirigen teniendo en muy alta consideración los deseos de sus padres -tener en cuenta los deseos de tus clientes es una sana política en cualquier empresa que quiera perdurar- pero, en este caso, dejan sobre sus hombros -los de los padres y madres- la defensa de sus intereses. Un ejemplo de la separación de poderes que ya quisiera para sí Montesquieu.

Los directivos de los centros se dedican profesionalmente a la educación, pero no pueden posicionarse respecto de la asignatura. Que se informen los padres. No pueden denunciar públicamente el atropello. Que lo denuncien los padres. No pueden facilitar -de verdad, no de boquilla- la información a los padres. Que informen ellos. Y fuera del centro, no nos vayan a meter en líos.

El Síndrome de Estocolmo

Recordarán que se denomina con esta expresión el conjunto de síntomas que presentan algunos secuestrados que les lleva -tras semanas de cautiverio- a sentir y manifestar un gran agradecimiento a sus captores, que llegan a percibir como protectores. Pues bien, no encuentro mejor símil para describir el estado en el que se encuentra -a mi juicio- la gran mayoría de la enseñanza concertada.

Todo arranca con la implantación de los conciertos educativos. Una fórmula por la cual el Estado financia las plazas escolares de aquellos centros que, fuera de la red pública, educan alumnos complementando así la enseñanza pública. Nace así la categoría de enseñanza privada concertada: centros de titularidad privada que, a través de un concierto con la administración, se incorporan a la oferta educativa. 

Así, pocos años después de instaurarse los conciertos, se está poniendo de manifiesto lo que muchos presagiaban: que los centros acatan y celebran -por mor del concierto- cualquier indicación de la administración. Sus deseos, señor Consejero de Educación, son órdenes. El Síndrome de Estocolmo. 

Que tener un concierto dificulta el margen de maniobra, no lo voy a negar. Pero todo tiene sus límites. La situación actual sería cómica si no fuera tan grave. Quiero proponer algunas reflexiones a estos directivos por si les ayudan a tomar conciencia de la realidad. O sea, del dulce secuestro de la enseñanza concertada.

1.- El Estado no concede graciosamente los conciertos: la enseñanza concertada es, hoy por hoy, imprescindible para garantizar en España la escolarización de los alumnos. Además, cada plaza concertada le resulta al estado 4.000 € más barata que la plaza equivalente en la red pública. De la calidad no hablamos.

2.- Las plazas concertadas las pagamos los padres a través de nuestros impuestos. No las paga el consejero de turno. Firma el concierto porque muchos miles de ciudadanos -que le votamos- queremos llevar a nuestros hijos a los colegios concertados.

3.- Aún en el supuesto de que la administración amenazara con suspender el concierto -cosa que no les es rentable ni económica ni electoralmente- ¿se ha parado a considerar el titular del centro si los padres de los alumnos cerraríamos filas con él reivindicando nuestro derecho a una educación concertada y, situados en el extremo, estaríamos dispuestos a pagar un sobreprecio para facilitar a nuestros hijos una enseñanza acorde con nuestros principios? Muchos lo hacen y muchos hemos tenido que hacerlo. 

4.- Si se imparte esta asignatura “porque así lo dicta la ley”, ¿cuál es el límite para jugarse el concierto?: ¿será cuando la administración deba homologar el profesorado? ¿o cuando lo imponga?. ¿Será cuando introduzcan otras asignaturas adoctrinantes?, ¿cuando deroguen la educación diferenciada? Porque la consigna de “estar a bien con la administración” está empezando a cobrarse sus primeras facturas.

Es verdad que esto es una lucha de padres, una lucha de individuos, pero esperábamos más de las instituciones que han abanderado la lucha por la libertad de educación. En la tesitura estatalista en la que nos encontramos hay que mirar alrededor y mirar a largo plazo. Sin miopías. Sin complejos. Preguntad, de verdad, a los padres y os daréis cuenta de que no queremos una enseñanza concertada a cualquier precio. Que para colegios baratos, tenemos la red pública.

© 2008, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

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3 comentarios

  1. MTERESA LOPEZ GUIJARRO

    gracias,muchisimas gracias , a todos los padres de las plataformas y ahora de la Federacion, que de manera tan altruista y valiente defendeis a los hijos de TODOS.
    soy madre de 3 hijos, y presente mi derecho a la objecion para ellos; pero mi ex marido utilizo casi podriamos decir la extorsion y la coaccion hacia de Junta y contra el centro concertado de mis hijos para que tales objeciones fueran rehusadas.por lo que mis hijos tuvieron que volver a entrar en clase. Por lo que comprendereis mi total desamparo y mi impotencia; por ello os doy las gracias,y porque como yo hay muchos mas casos de madres /padres“objetores“en silencio administrativo forzoso.
    NI UN PASO ATRAS

  2. [...] año y medio advertíamos como la batalla por la imposición o modificación de la Educación para la Ciudadanía era la [...]

  3. [...] año y medio advertíamos como la batalla por la imposición o modificación de la Educación para la Ciudadanía era la [...]

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